El maíz transgénico llegó al Distrito Federal. Es una
noticia alarmante, cargada de implicaciones negativas: un paso más en la
ofensiva de las corporaciones productoras de organismos genéticamente
modificados (OGM) para invadir, por la vía de los hechos, el campo
nacional con esos productos. Su objetivo es claro: hacer irreversible la
difusión de sus OGM y asegurarles así la apertura de nuestro mercado.
Desde el punto de vista ecológico, la mala noticia es que la integridad
del germoplasma maicero de México está amenazada. Desde el punto
de vista social, los productores mexicanos pueden perder uno de sus principales
activos: los recursos genéticos que han estado desarrollando desde hace
siglos.
La presencia de maíz transgénico en el suelo de
conservación del Distrito Federal es el principal hallazgo de una
importante investigación del científico mexicano Antonio
Serratos, publicada este año en la revista especializada Frontiers
of Ecology and the Environment (órgano de
Aunque la investigación no detecta la frecuencia estadística,
ni la frecuencia completa del transgen utilizado, desde el punto de vista legal
el análisis es determinante y no hace falta un examen a nivel molecular
más detallado. Si un estudio análogo sobre la parcela de un
productor orgánico en el Distrito Federal arrojara el mismo resultado,
ese productor perdería ipso facto su registro y el acceso al
mercado de productos orgánicos, independientemente de la frecuencia o
del tipo de transgen que hubiera sido detectado por el estudio: bastaría
una sola planta contaminada para eliminar del registro de productos
orgánicos toda la parcela. Además, bajo la legislación
vigente en materia de bioseguridad, ese productor carecería de recursos
legales para reparar el daño causado. Bajo estas condiciones, cualquier
plan para desarrollar la agricultura orgánica peligra con la
difusión de los transgénicos.
Esta revelación contradice las afirmaciones repetidas del secretario
de Agricultura, Alberto Cárdenas, de que sólo hay rumores sobre
la presencia de transgénicos. Evidentemente el titular de
Después de los hallazgos reportados por Chapela y Quist en la revista
Nature (2001), de los estudios realizados por INE-Conabio (2001) y por
un grupo de organizaciones civiles y de productores del campo (2003),
informando sobre la presencia de maíz trangénico, así como
la confesión reciente de grupos de agricultores en Chihuahua que afirman
estarlo sembrando, el trabajo de Serratos viene a corroborar la gran
dispersión del maíz transgénico en México.
Una buena noticia es que el mismo científico ha liderado una red de
investigadores de cinco universidades y centros de investigación para
diseñar un proyecto dirigido a transformar el suelo de
conservación del Distrito Federal en un refugio para el rescate del
germoplasma de los maíces nativos del altiplano mexicano. El proyecto
tiene tres componentes principales. Primero, permitirá la
detección de material transgénico en los maíces sembrados
en el suelo de conservación. Esta actividad de monitoreo es vital para
poder preservar localmente la constitución genética de las razas
nativas del altiplano. Segundo, el proyecto propone desarrollar alternativas
agroecológicas, sustentables, económicamente benéficas
para los productores. Estas líneas de producción pueden competir
ventajosamente frente a maíces híbridos convencionales o los
transgénicos en los mercados de productos alimenticios de gran valor
agregado. El tercer componente innovador del proyecto del doctor Serratos y sus
colaboradores es el enfoque revolucionario de fusionar la biotecnología
con los principios de la agroecología. Eso permitirá avanzar
hacia un nuevo paradigma científico y una nueva trayectoria para la
biotecnología molecular, con efectos benéficos para la
producción de millones de campesinos pobres en el mundo.
Los principales objetivos del proyecto ya fueron recogidos en el Plan Verde
del Gobierno del Distrito Federal, reconociendo así la relevancia de
este estudio para el mantenimiento y la sustentabilidad del suelo de
conservación, así como para el régimen de bioseguridad.
En el contexto internacional se está produciendo un viraje. Francia
acaba de anunciar una moratoria indefinida sobre los cultivos
transgénicos por los riesgos que implica su utilización y dio a
conocer planes ambiciosos para promover la agricultura orgánica. Se une
así a Alemania, Hungría, Polonia, Austria y Grecia, al reconocer
la importancia de vincular la producción agroecológica con el
rechazo a los transgénicos.
En nuestro país, el proyecto del doctor Antonio Serratos y su equipo
es la clave para el futuro del germoplasma maicero mesoamericano, la seguridad
alimentaria y el bienestar de los productores